La guerra civil de Sudán, que este miércoles entra en su cuarto año, oscila como un péndulo que arrasa a su paso en cada cambio de dirección. No existen, hasta el momento, perspectivas de resolución, pero la violencia está cada vez más extendida y es más sofisticada, y el número de damnificados por la crisis humanitaria, el hambre, el desplazamiento forzado y los abusos sistemáticos es de récord. El conflicto, enquistado y en riesgo de cronificarse, se ha expandido hasta convertirse en un escenario de rivalidades regionales.
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