Durante años, la ostentosa ciudad de Dubái, meca de los negocios y del turismo de Oriente Próximo, se había proyectado al mundo como un oasis de ensueño. Expatriados e influencers europeos, estrellas estadounidenses, empresarios chinos, oligarcas rusos y grandes fortunas africanas confluían en una ciudad-emirato que se perfilaba como un edén de bajos impuestos, poca regulación, infraestructuras de primer nivel, sol y lujo, y una promesa sutil: seguridad.
Leopoldo López: “Aún no hay claridad sobre la transición política en Venezuela”
Cuando Leopoldo López (Caracas, 54 años) estaba recluido en la...
