Once semanas después del primer cierre de Ormuz, muy pocos barcos osan cruzar el estrecho con petróleo o gas a bordo. Y los que lo hacen ―con cuentagotas, a hurtadillas y con el transpondedor apagado, para que no se pueda detectar su posición en tiempo real―, son insuficientes para conjurar una crisis energética que, cortesía de Donald Trump, Benjamín Netanyahu y los ayatolás, está obligando al resto del mundo a aplicar medidas que remiten a cinco décadas atrás.
Somalilandia, un país nacido de bombardeos
Un tanque que ya no es un tanque podría ser el monumento nacional de...
