El líder norcoreano, Kim Jong-un, enfundado en un abrigo de cuero negro que podría haber vestido cualquier villano de James Bond, con una sonrisa y el pelo perfectamente moldeado en ese peinado que le aplana la cima del cráneo, dio por concluido el pasado miércoles el IX Congreso del Partido de los Trabajadores con un discurso ante las tropas que desfilaban por la plaza que lleva el nombre de su abuelo, Kim Il-sung, fundador de Corea del Norte y de la dictadura hereditaria: “Nuestro ejército lanzará terribles ataques de represalia contra cualquier fuerza en el momento en que cometa actos militares hostiles que infrinjan nuestra soberanía nacional y nuestros intereses de seguridad”.
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