La ambición y la necesidad de defender a Ucrania han llevado a que el sueño de Taras (nombre ficticio para proteger su identidad) se haya hecho realidad en los últimos días. Nada más levantarse, ha disfrutado al constatar que algunas de las zonas más protegidas de Rusia estaban en llamas. “Es, quizás, la mejor sensación. Comprobar ese resultado, es mi principal recompensa”, afirma durante una entrevista en Kiev. Taras, responsable de una empresa local de defensa, lleva meses junto a sus compañeros desarrollando y poniendo en práctica una de las armas que estos días está siendo empleada para golpear bastiones rusos altamente resguardados como Moscú (la capital) o San Petersburgo.
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