La política del Reino Unido tiende a la aceleración. Los plazos se consumen a velocidad de vértigo. La popularidad del laborista Keir Starmer, que se convirtió en primer ministro hace menos de dos años con una mayoría parlamentaria aplastante, no llega hoy al 19%, según la última encuesta de YouGov. Y su futuro político depende de las elecciones que se celebran el jueves —municipales en Inglaterra, autonómicas en Escocia y Gales—, en las que todos los sondeos vaticinan un hundimiento histórico del Partido Laborista. Starmer lucha por su supervivencia mientras la izquierda británica permanece apática y fragmentada y la ultraderecha sigue en auge.
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