Tras casi dos años de acostarse sobresaltados con noticias de última hora sobre la coacción económica del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y sus amenazas de anexión, los canadienses se desayunaron esta semana con una invitación esperanzadora de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, para que Canadá se convierta en miembro asociado de la Unión Europea. Un estatus aún por definir, pero que abre la puerta a una menor dependencia de Estados Unidos, y que los canadienses han acogido con relativo agrado, cautela y cierto escepticismo.
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