Primero fue la bravuconería, aderezada con el desconocimiento y la convicción de que la historia de Venezuela podría repetirse en Irán: aquellos primeros bombardeos coordinados con Israel acabaron como ya se sabe, con el estrecho de Ormuz cerrado y el suministro global de petróleo y gas pendiendo de un hilo cada vez más fino. Ahora es la inacción, la falta de respuesta a los avances hutíes —gracias al apoyo militar y la generosa financiación de Teherán— en Bab el Mandeb y la negativa a ayudar a su teórico aliado, Arabia Saudí, a restaurar el orden previo en ese eterno polvorín llamado Yemen. Si antes ya ejercían un control parcial de ese estrecho, con la toma de la isla de Mayun y el puerto de Moca el dominio es casi total.
Estados Unidos da la espalda a Arabia Saudí en plena ofensiva de los hutíes
Los hutíes son unos milicianos despiadados, que reclutan a niños y...
