En medio de un frondoso jardín en el sur de Líbano, Mehdi, Abbas y Rana (nombres ficticios) se agarran a la silla y al narguile —pipa de agua— como si les fuera la vida en ello. La estampa, que podría parecer una idílica sobremesa de verano y en la que todo sucede con calma y lentitud, encierra una paradoja. Estos residentes de Bourj Rahal, un municipio cercano a la ciudad de Tiro, ensayan esa cotidianidad mientras lo tienen todo preparado para cuando las bombas los expulsen de nuevo.
Estados Unidos versus Irán, la guerra de fuerzas desiguales que ningún bando pudo ganar
Un ejemplo sencillo de guerra asimétrica: un dron iraní vuela para...
