“Mi madre dio a luz gemelos: yo y el miedo”. La frase es de Thomas Hobbes: la madre del filósofo inglés estaba aterrorizada por la llegada de la Armada española. Cinco siglos después, el miedo sigue vigente en la política británica, y en casi todo Occidente. Todo lo que ocurre hoy tiene su origen político en 2008: las grandes crisis económicas mal resueltas producen monstruos, y el más fiero de esos leviatanes es el miedo. La Gran Recesión dejó como legado una inestabilidad formidable y el imparable ascenso de la ultraderecha, otra manera de nombrar ese cruce de miedo y resentimiento tan propios de esta época. Y de retruque provocó el descalabro de los partidos del centro político: liberales, conservadores y socialdemócratas, que lidiaron mal con aquella crisis, no levantan cabeza. La Francia de Macron acumula ocho primeros ministros en ocho años, y la ultraderecha roza el 40% en las encuestas. En Alemania, la gran coalición se cae a pedazos, con la popularidad de Merz por los suelos y los ultras como primera fuerza. Y el centroziquierda europeo parece el protagonista de aquella película de los años cincuenta, El increíble hombre menguante. El último capítulo de esa historia se rueda en Reino Unido, que hace solo un siglo pugnaba con Estados Unidos por la hegemonía global. Hoy su economía languidece. Su política está hecha unos zorros: van seis primeros ministros en seis años, y también allí los ultras van mandando en los sondeos. Aquel miedo de Hobbes, unido a cierta nostalgia posimperial, explica muchos de los errores que aceleran ese abrupto declive, empezando por el Brexit. Y acabando por Keir Starmer.
Las promesas incumplidas del Brexit: por qué el Reino Unido está peor que antes de salir de la UE
Lejos quedan los golpes encima de la mesa, en sentido literal y...
