La columna de la Victoria es uno de los pocos monumentos al viejo poderío alemán que quedaron en pie tras la II Guerra Mundial. Desde lo alto, el ángel dorado que Wim Wenders filmó en El cielo sobre Berlín domina la ciudad. Abajo, las estatuas de los severos mariscales prusianos Roon y Moltke, y la del canciller Otto von Bismarck, siguen ahí, como un símbolo permanente de Alemania, o un anacronismo.
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