Consciente de que este puede ser su último verano en el cargo, el primer ministro francés, François Bayrou, no se ha dado una tregua estival y durante estas semanas se ha volcado en tratar de defender sus presupuestos para 2026, cuyo debate anticipa un otoño caliente en los escaños y en la calle. La ley, que incluye 44.000 millones de euros de recortes y medidas muy impopulares como la supresión de días festivos, se presentará en el Parlamento en octubre y debería votarse a mediados de diciembre.
La Flaca sigue buscando a su padre bajo los escombros de La Guaira
El camino hasta las torres obliga a cubrirse la nariz. Ya no huele a...
