Malí se encuentra bajo el asedio de dos movimientos insurreccionales, la rebelión tuareg y la insurgencia yihadista, que han unido sus fuerzas con el objetivo de derrocar al Gobierno. Tras la ofensiva conjunta del pasado fin de semana, que costó la vida al número dos de la junta militar y ministro de Defensa, Sadio Camara, los yihadistas han impuesto un bloqueo a la capital, Bamako, tratando de impedir la entrada de mercancías y personas por las principales carreteras. En el norte, Kidal, ciudad en permanente disputa, ha caído en manos de los rebeldes. El arquitecto de esta alianza no es otro que Iyad Ag Ghali, el líder del Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM, por sus siglas en árabe), que ha extendido por todo el Sahel central la amenaza yihadista y cuya vida daría para escribir una novela.
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