Hacía casi tres años que Vladímir Putin no daba un beso a un niño en público. El pasado 27 de abril, en medio de una ola inédita de ―suaves— críticas sobre la situación del país, el presidente ruso repetía un gesto de cercanía al pueblo que no practicaba desde la rebelión del Grupo Wagner en junio de 2023. El líder ruso besaba en la frente y sonreía a una pequeña gimnasta cuando sus índices de aprobación caían a su nivel más bajo desde el inicio de su ofensiva sobre Ucrania. Tres días después abrazaba a otra niña en público. El apoyo al mandatario sigue siendo masivo, pero su descenso es remarcable desde que se visibilizó la crisis económica el año pasado y la situación tiene visos de empeorar.
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