Hasta hace un mes, la organización libanesa Hezbolá se encontraba en un hoyo de difícil salida. La anterior guerra con Israel, que un alto el fuego cerró en falso en 2024, había dejado a su brazo armado diezmado y decapitado. Además, el ejército israelí mantenía la presión durante el cese con ataques casi diarios contra sus miembros y familiares, mientras el Gobierno de Líbano decretaba e iniciaba el proyecto de su desarme, señalando un punto de inflexión histórico y el posible declive de la milicia. Aunque con consecuencias devastadoras para el pueblo de Líbano, el inesperado disparo de unos proyectiles sobre Israel terminó con el acorralamiento.
Los marineros vislumbran el fin de su agonía en Ormuz pero aún no se fían: “Nos preguntan si esta paz es real”
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