En Venecia hay dos marcadores electrónicos que reflejan su agonía. Uno está en la farmacia Morelli, en Rialto, en el barrio de San Marcos, el más despoblado, y señala el número de habitantes: este martes contaba 47.461 (cuando se instaló, en 2008, eran 60.704, y en 1977, 100.000). El otro está en la librería Marco Polo, al otro lado del puente, en el campo de Santa Margherita, una zona más vecinal, e indica el número de camas para turistas: el martes marcaba 52.541. Ya hay más turistas que gente viviendo allí. Andrea Morelli, la tercera generación de la farmacia desde 1906, y cuya hija es la cuarta, recuerda que en la pandemia solo se permitía salir de casa para ir a la farmacia en un radio de 300 metros: “Y aquí no venía nadie. No vivía nadie en 300 metros a la redonda”. De noche, en el confinamiento, todas las luces estaban apagadas.
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