Mientras el Gobierno interino en Siria liderado por el presidente Ahmed al Shara logra éxitos en la escena internacional, parte de su población mira a las nuevas autoridades con recelo. Los inquilinos del Palacio Presidencial de Damasco han tejido relaciones con los mayores actores globales, incluyendo EE UU y Rusia, y la Casa Blanca ha acogido a un presidente sirio por primera vez en la historia este noviembre. Pero ese progreso avanza en paralelo al miedo y desencanto de sus comunidades minoritarias, donde algunos perciben a las instituciones interinas —controladas por musulmanes suníes— como una amenaza para su supervivencia.
La vida se reconstruye a pedazos en los edificios verdes de la colonia caraqueña El Paraíso
“Estamos muy bien, mucho mejor que el edificio de la esquina, que se...
