Lo bautizaron como el discurso de las “promesas inverosímiles”. “Con las promesas inverosímiles no se logran victorias”, dijo en 1985 el entonces líder del Partido Laborista, Neil Kinnock, en el congreso de Bournemouth, a la corriente interna trotskista con el nombre de Militant, que con sus actos de sabotaje y desobediencia municipal frustraba los intentos de modernizar la formación y hacerla atractiva de nuevo para los ciudadanos. “No se puede jugar a hacer política con los trabajos de la gente, o con los servicios públicos que disfrutan en sus hogares”, les recriminó.
Sebastopol, un asedio del siglo XXI: “Tal y como la lleva Putin, la guerra será interminable”
En Sebastopol, la ciudad más poblada de la península de Crimea,...
