Afanada por ampliar las posibilidades de deportación, el pragmatismo de la Unión Europea se expande con pocos corsés. A los pactos, pese a sus historiales autoritarios, con Túnez o Egipto para blindar el territorio comunitario y frenar las llegadas, se suma ahora otro movimiento controvertido: el acercamiento a los talibanes, un régimen señalado por sus graves y sistemáticas violaciones de los derechos humanos en Afganistán, especialmente contra mujeres y niñas. La invitación a Bruselas por parte de la Comisión Europea a una delegación de los talibanes para hablar sobre cómo aumentar las deportaciones, ha reabierto el debate sobre los límites de la política migratoria y sobre el blanqueamiento de los regímenes autoritarios si se avienen a los intereses europeos. Organizaciones de derechos humanos y grupos políticos de izquierda advierten de que la iniciativa del Ejecutivo comunitario puede legitimar de facto al régimen.
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