No viste uniforme ni goza de acceso a las poderosas torres del Kremlin, pero tiene 13 millones de seguidores en Instagram, una red social prohibida en Rusia. “Vladímir Vladímirovich, la gente le tiene miedo“, arranca en una de sus publicaciones recientes Viktoria Bonia, en una sorprendente apelación directa a Putin. “Entre nosotros, la gente común, y usted hay un muro infranqueable, y quiero derribarlo. Ningún gobernador le dirá esto porque le tienen miedo“, continúa, dirigiéndose al presidente, la exconcursante de Dom−2 (el Gran Hermano ruso) y epítome de la vida del lujo extremo, que ahora vive en el extranjero. Ella es el símbolo del tren de vida que millones de ciudadanos en Rusia desean y solo la élite disfruta.
Emiratos se desmarca del resto de petromonarquías y ahonda la división en el golfo Pérsico
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