Andrey Kibenok, de 38 años, no tenía ni idea de tecnología cuando, hace 11 años, empezó a servir en el ejército de Ucrania. Hoy, el conflicto ha dado un vuelco y dirige un pequeño taller de fabricación de sistemas antidrones en el frente oriental en la región de Donetsk. A raíz de la gran invasión desatada en febrero de 2022, empezó a interesarse por el armamento que pronto ganaría protagonismo: los drones. Primero, en torno a 2023, los desmontaba y analizaba pieza a pieza. Después, al año siguiente, le picó la curiosidad por cómo podrían ser derribados. Y en eso está.
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