La escalada bélica en Oriente Próximo ha situado a la población civil en una pinza humanitaria sin precedentes que amenaza con desmantelar los últimos refugios seguros. La ofensiva iniciada el 28 de febrero con el ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán y Líbano ha provocado el desplazamiento forzoso de al menos 767.700 personas en esos países, según las estimaciones del Alto Comisionado de la ONU para los refugiados (Acnur) difundidas este martes, y deja en una situación de extrema vulnerabilidad a unos 14,1 millones de personas que ya eran refugiados en esta región. Ayaki Ito, director de Emergencias y Apoyo a los Programas de esta agencia, calificó la situación como una “grave emergencia humanitaria” en una rueda de prensa celebrada el pasado viernes en Ginebra, cuando esa cifra era menos de la mitad, y ya entonces el funcionario asumió que los datos probablemente fueran una “subestimación”.
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