Ali Jameneí falleció el pasado sábado a los 86 años a causa de los bombardeos lanzados sobre Irán por Estados Unidos e Israel. Su muerte es un hecho insólito en la historia contemporánea. Si bien no se trata de la primera ocasión en que un jefe de Estado o de Gobierno es asesinado, sí que es la única ocasión en que la responsabilidad recae en manos de otro país. Hasta su muerte, el líder supremo representaba la máxima autoridad de Irán desde 1989, cuando falleció su predecesor y fundador de la República Islámica, Ruhollah Jomeiní.
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