La incertidumbre en el comercio transatlántico y el caos creado por Donald Trump y su política arancelaria están acelerando el apetito de la Unión Europea por afianzar su relación con socios comerciales más fiables. La respuesta del presidente republicano al varapalo que ha infringido el Tribunal Supremo estadounidense a sus medidas proteccionistas ha dejado en el aire el controvertido pacto que firmó con la UE en verano. Y esto añade presión sobre la Comisión Europea para que se lance a aplicar ya, de forma provisional, el histórico acuerdo rubricado con Mercosur. Bruselas ve, además, cómo los países del bloque latinoamericano se han lanzado a una ratificación exprés ―Uruguay y Argentina ya lo ha hecho―, lo que apremia más al Ejecutivo de la UE.
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