
El despacho, en un cuarto piso de la calle de Rivoli de París, tiene unas vistas impresionantes a los jardines de las Tullerías. En la entrada del amplio apartamento, un póster de la primera campaña de François Mitterrand parece una profecía: “El candidato de los republicanos”. Una unión parecida a la que busca ahora desde la retaguardia el hombre que abre la puerta y saluda a los periodistas con un traje negro.

