“No hay sitio en ningún lugar, no cabe nadie más”. Dalal S. repite varias veces esta frase mientras responde a las preguntas de EL PAÍS desde un campo de desplazados en la zona de Al Mawasi, en el sur de la franja de Gaza, en el que vive desde hace meses con ocho personas más de su familia. “Estamos rodeados de gente a la que no conocemos bien y es incómodo. Cuando hablamos de algo importante en familia, tenemos que bajar la voz para que no nos escuchen en la tienda de al lado”, prosigue esta palestina de 21 años que prefiere que su apellido no sea publicado.
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