En la China que convirtió en motivo de orgullo nacional los deslumbrantes efectos de la película de animación Ne Zha 2 y donde la inteligencia artificial (IA) se está comiendo el mercado de las microseries, el fenómeno cinematográfico más insólito del verano —y, bajo el humilde juicio de esta reportera, del año— ha sido un ternero que se mueve a trompicones por un paisaje que parece salido de los videojuegos de principios de los 2000.
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