Las autoridades rusas pagaban por alistarse y ahora también pagan por alistar a otros. Un aliciente perverso que ha hecho que aumenten en los últimos meses los casos de ciudadanos llevados a la fuerza a firmar un contrato con el ejército. El Kremlin trata de evitar así una impopular movilización abierta y masiva, pero aprieta las tuercas de forma encubierta para cubrir las bajas que no llega a sustituir con voluntarios en su ofensiva en Ucrania. El trabajo de reclutador está muy bien remunerado desde hace meses. Sus objetivos son personas solas, con antecedentes penales, enfermas o endeudadas, a las que llevan a la fuerza a los centros de reclutamiento.
Estados Unidos da la espalda a Arabia Saudí en plena ofensiva de los hutíes
Los hutíes son unos milicianos despiadados, que reclutan a niños y...
