Fue el miércoles y el sábado de la semana pasada, en los populosos puertos de Qingdao (China) y Busan (Corea del Sur). Dos cargueros de tamaño medio y nombre desconocido para el gran público, el Dubai Tower y el PanStar Acro, soltaban amarras rumbo a los puertos británicos de Teesport y Felixstowe a través del Ártico, para luego continuar hacia otros puntos del norte de Europa. Un doble movimiento de calado en el siempre frenético mundo del comercio marítimo que, además, redibuja los contornos de la economía y, sí, también de la geopolítica: vuelca poder e influencia hacia el hemisferio norte, en detrimento del sur, y otorga otra peligrosa baza, una más, a la Rusia de Vladímir Putin.
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