Lejos quedan los golpes encima de la mesa, en sentido literal y figurado, del expremier británico David Cameron en la lluviosa Bruselas del otoño de 2014. Pero ahí empezó todo. “Es inaceptable, no voy a pagar esa cuenta”, decía airado el político conservador tras una cumbre europea en la que sus homólogos le exigieron actualizar la contribución de su país, elevándola en algo más de 2.000 millones de euros. La promesa de referéndum ya estaba encima de la mesa, sí, pero aún parecía lejana, difusa.
Estados Unidos versus Irán, la guerra de fuerzas desiguales que ningún bando pudo ganar
Un ejemplo sencillo de guerra asimétrica: un dron iraní vuela para...
