En una de las principales vías para salir de Dahiye, el nombre de los suburbios beirutíes que ahora están en el corazón de la geopolítica de Oriente Próximo, una sucesión de farolas adornadas con la misma fotografía del penúltimo líder supremo de Irán, el difunto Ali Jameneí, parecen despedir a quienes abandonan la zona. Unos metros más allá, cuando comienza la ciudad de Beirut, la iconografía que inunda Dahiye con los rostros de los dirigentes iraníes y de Hezbolá —sus aliados libaneses— desaparece, como lo hace en buena medida el riesgo de bombardeo israelí.
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