El espectro del antisemitismo, como aquel fantasma de Canterville de Oscar Wilde condenado a la eternidad en su castillo, ha vuelto a llamar a la puerta del ultraderechista Reagrupamiento Nacional (RN). El partido, fundado por Jean-Marie Le Pen en 1972, condenado más de una decena de veces por delitos de odio contra los judíos —llegó a negar el Holocausto—, había logrado tomar distancia del aquel periodo. Durante más de una década la formación se alejó de su fundador, a quien expulsó, y multiplicó su acercamiento a la comunidad judía. “La desdiabolización”, lo llamaron. La persona elegida para llevar a cabo ese lavado de cara había sido Jordan Bardella, el joven presidente de la formación, el primer miembro del viejo Frente Nacional invitado a Jerusalén y autoproclamado escudo contra el antisemitismo en Francia. Ahora, sin embargo, ha sido acusado de lo que atribuía a otros.
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