La guerra que estalló la semana pasada en Etiopía entre el Ejército y una coalición de grupos armados se ha intensificado en diversos frentes y ha provocado ya la muerte de al menos 250 combatientes rebeldes, según el Gobierno etíope, y el desplazamiento forzoso de unas 150.000 personas. Los combates se centran por ahora en las regiones de Tigray, Afar y Amhara, pero el riesgo de internacionalización del conflicto es elevado. El Ejército etíope ha acusado a tres países de su entorno —Eritrea, Sudán y Egipto— de apoyar a los rebeldes mediante la financiación o el suministro de armas, un cambio radical de guion respecto al conflicto vivido entre 2020 y 2022. Y que hace temer una escalada que salte más allá de las fronteras etíopes.
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