El verano solía ser un tiempo de desconexión, descubrimiento, distancia y diferencia. Ofrecía la lentitud y la profundidad. Ahora, como puede comprobarse en cualquier playa, piscina, tren, bar o verbena, es lo mismo que las demás estaciones: un tiempo de adicción al móvil y a las redes que anidan en él. El verano ahora es conexión, continuidad, cercanía y cacofonía indistinguible. Inflige más velocidad y superficialidad.
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