Rumania lleva más de tres años soportando incursiones de drones rusos en su espacio aéreo, pero esta semana Bucarest ha cruzado una línea que hasta ahora había evitado: derribarlos. En apenas 48 horas, entre el 24 y el 26 de julio, las Fuerzas Aéreas Rumanas abatieron tres aparatos no tripulados que habían penetrado en su espacio aéreo, una decisión sin precedentes desde el inicio hace cuatro años y medio de la invasión rusa en Ucrania —país con el que comparte 650 kilómetros de frontera—, y que refleja un cambio de doctrina frente a una amenaza cada vez más frecuente.
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