El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, vuela hacia Washington para reunirse con Donald Trump por primera vez desde que lanzaron juntos la guerra contra Irán, el pasado febrero. Aunque las entrevistas entre ambos no son excepcionales (el presidente de EE UU no se ha reunido tanto con ningún otro líder internacional, ocho veces desde que regresó al poder en 2025), sí lo es su impacto. Más aún al llegar un mes después de las nada secretas broncas (insultos incluidos) que Trump dedicó a Netanyahu cuando sintió que la ofensiva de Israel en Líbano ponía en peligro el alto el fuego con Irán. Las divergencias no parecen enteramente cosa del pasado, a tenor de las declaraciones del dirigente republicano de cara a la visita. Israel, ha dicho, “no sobreviviría” sin la ayuda de EE UU (“Bibi [Netanyahu] está viniendo, él os lo dirá”, agregó). Y dijo que “nadie” puede dictarle qué armamento vender a Turquía, en referencia a su oposición a la posible transferencia a Ankara de cazas F-35, que solo Israel tiene en la región.
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, en el punto de mira de los republicanos por su papel en la guerra de Irán
¿Conseguirá el secretario de Defensa, Pete Hegseth, mantenerse en el...
