Hay una anécdota en la política británica que durante años ha funcionado como categoría. Cuando un periodista estadounidense entrevistó al entonces primer ministro, Tony Blair, por sus creencias religiosas, su jefe de prensa, el legendario y astuto Alistair Campbell, cortó en seco con aquello de We don’t do God (algo así como “aquí no entramos en el rollo ese de Dios”). Eran los tiempos de la guerra de Irak, y el jefe de Gobierno había atado su destino al del presidente estadounidense, George W. Bush, que superó su alcoholismo a base de una fe exhibicionista.
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, en el punto de mira de los republicanos por su papel en la guerra de Irán
¿Conseguirá el secretario de Defensa, Pete Hegseth, mantenerse en el...
