Bajo el cielo límpido del verano, las olas rompen en la pedregosa cala de Anzac con una solemnidad rítmica y silenciosa, casi con respeto, como si no quisieran importunar a los muertos. Desde el agua, los acantilados terrosos de Ariburnu, cubiertos de pinos y sabinas, aparecen inexpugnables; y uno se pregunta quién en su sano juicio decidiría lanzar, precisamente por aquí, una invasión.
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, en el punto de mira de los republicanos por su papel en la guerra de Irán
¿Conseguirá el secretario de Defensa, Pete Hegseth, mantenerse en el...
