En las jornadas posteriores al ataque conjunto de Israel y Estados Unidos contra Irán del pasado 28 de febrero, Donald Trump cambió al menos una docena de veces de argumentos para justificar una operación militar que evitó llamar por su nombre (“guerra”, palabra que aún se resiste a emplear). Sobre su duración también lanzó mensajes contradictorios: la cosa estaría resuelta en “un par de días”, primero, y en no más de “cuatro o cinco semanas”, después.
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