“Temí por mi integridad al ser trasladado de madrugada hasta Casablanca por personas armadas no identificadas”, aseguraba en la noche del miércoles por teléfono Ali Lmrabet, periodista marroquí crítico con el sistema, tras ser liberado. Fue arrestado el domingo a su llegada al aeropuerto de Tánger desde Barcelona, donde reside desde hace más de dos décadas junto con su familia española. Habla con la calma de quien espera una próxima jubilación, al término de una larga y sobresaltada carrera profesional, sin perder en ningún instante su habitual buen humor rifeño. Desde la casa de un amigo en la capital económica del país magrebí se expresa en un fluido castellano con acento catalán y algunos ecos de pronunciación francesa, heredados de una educación universitaria en París.
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