Nada es casual en las decisiones de los dirigentes iraníes. Por ejemplo, elegir el 4 de julio, 250º aniversario de la fundación de Estados Unidos, para el comienzo oficial de las exequias del ayatolá Alí Jameneí. Se han anunciado siete días de celebraciones en Irán y en el vecino Irak. Además de un funeral de Estado, será una reafirmación de la supervivencia del régimen tras 110 días de guerra. Las miradas de los iraníes (y de los observadores extranjeros) no estarán tanto en el féretro como en la posible asistencia de Mojtaba Jameneí, hijo y sucesor del líder asesinado por Estados Unidos e Israel.
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