En Sebastopol, la ciudad más poblada de la península de Crimea, vuelve a reinar en estos días el estado de emergencia. Escenario de asedios a lo largo de su historia y golpeada durante los últimos cuatro años de guerra de Rusia contra Ucrania, sufre por primera vez un cerco a distancia, desde el aire. La gran base rusa del mar Negro ha tenido que racionar el combustible. Ningún enemigo asoma a la entrada de su imponente bahía, pero las explosiones rasgan el cielo en intervalos de horas. Es la nueva cara de la guerra: la de los misiles de precisión y las oleadas de drones de bajo coste.



