La escena fue elocuente. Donald Trump se subió al estrado para ofrecer una conferencia de prensa al terminar la reunión del G-7 y, antes de dar paso a las preguntas, se desempeñó en una arenga de 31 minutos dedicada a defender las bondades de su pacto con Irán. Cuatro gerifaltes de su Administración, entre ellos Marco Rubio y Scott Bessent, le acompañaban de pie a sus espaldas. Todo —palabras e imagen— parecía pensado para proyectar fuerza. Todo, en cambio, proyectó más bien debilidad.
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