Sabemos que se llamaba Ambrozio, que era esclavo y que en 1887 firmó de su puño y letra la documentación con la que abrió una cuenta de ahorros a su nombre en un banco público de Brasil: la Caixa Econômica Federal. En esa época, el debate sobre la abolición de la esclavitud —un hito que llegaría al año siguiente— estaba vivísimo en este país porque, en el resto de América, los hijos del tráfico negrero ya eran hombres y mujeres libres.
Laura Chinchilla, expresidenta de Costa Rica: “Felipe González tiene mucha fisga”
Laura Chinchilla se ríe del símil que inventó Felipe González y...
