
Fue ministro de Exteriores cuando Fidesz parecía un partido liberal, y de Justicia cuando Viktor Orbán se pasó al lado oscuro y empezó a reformar las leyes y la Constitución. Y fue comisario europeo con Jean-Claude Juncker, que en una cumbre saludó al primer ministro húngaro con un “hola, dictador” que dio la vuelta al mundo. Tibor Navracsics (Veszprém, 59 años) está a punto de dejar de ser ministro de Administraciones Públicas y Desarrollo Regional para dejar paso al Ejecutivo de Péter Magyar. Y defiende, sin aspavientos, el orbanismo en esta conversación con EL PAÍS, aunque también admite errores: en la estrategia electoral y en la excesiva conflictividad de Hungría en Bruselas.
