El año 1807, en el que el Parlamento británico prohibió el tráfico de personas esclavizadas en el Imperio, no fue el punto final de la historia de la trata trasatlántica ni de la explotación de cerca 12,5 millones de africanos. Fue, más bien, el inicio de otro episodio poco conocido sobre el infierno de los trabajos forzados y las maniobras legales que tuvieron que sufrir las más de 200.000 personas rescatadas ―según los cálculos más conservadores― por la Royal Navy u otras patrullas navales entre 1807 y 1880 hasta, ser libres.

