Antes de la guerra de 12 días mantenida el pasado junio entre Irán e Israel, cuando el programa nuclear de Teherán fue bombardeado, los comandantes de la Guardia Revolucionaria (Pasdarán), puntal de las fuerzas armadas iraníes, mantenían su influencia sobre la toma de decisiones oculta tras un entramado de instituciones que simulaban una democracia que pretendía legitimar al régimen. Ese velo se ha desvanecido: en el actual conflicto contra Estados Unidos e Israel, el control militar de la Guardia Revolucionaria sobre todas las ramas del Estado se ha vuelto más visible y decisivo que nunca.
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