Vivir en Roma suele dar una sensación de estar rodeado de misterios, algunos maravillosos y otros no tanto, su lado oscuro. Se convive con ellos con cierta familiaridad. Por ejemplo, desde hace más de cuatro meses las fuerzas del orden excavan en los jardines y sótanos de una vieja mansión, y hasta han llegado a las antiguas catacumbas, sin saber bien lo que se van a encontrar. Y a lo mejor no encuentran nada. Es el enésimo episodio de uno de los grandes misterios italianos: la desaparición en 1983 de Emanuela Orlandi, hija de un empleado del Vaticano, un caso sin resolver al que se han dedicado series y documentales.
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