Casarse en Marruecos nunca ha sido fácil. Hay que ahorrar durante años para la dote de la novia, hasta que acepte teñirse las manos de jena o alheña, y para los suntuarios gastos de varias jornadas de festejos nupciales a lomos de una amaria o palanquín. Ahora es imposible. La huelga que han emprendido esta semana los adules, notarios islámicos ante los que se firma el contrato matrimonial, impide la celebración una media de 400 enlaces diarios en pleno Ramadán.
AfD descoloca por sorpresa a la ultraderecha italiana al alentar el secesionismo del Tirol del sur
La derecha y la extrema derecha italiana se han topado con un...
