Casi medio millón de brasileños residían en Portugal en 2024, según la Agencia para la Integración, Migraciones y Asilo (AIMA). Una cifra superada por la realidad ya que excluía del recuento a quienes poseían doble nacionalidad, tramitaban su permiso de residencia o estaban al margen de la ley. A todos, con o sin papeles, le puso precio el panadero João Paulo Silva Oliveira, de 56 años, a finales de agosto: 500 euros por cabeza. Un precio literal por decapitación. “A cada portugués que me traiga la cabeza de un brasileño, uno de esos zucas [abreviatura despectiva del ya despectivo brazuca] que viven aquí en Portugal, legales o ilegales, le pago 500 euros por cada cabeza cortada de cuajo por el cuello (sic)”, decía mientras mostraba los billetes y se grababa dentro de un coche en marcha. Sobra decir que el vídeo de TikTok, que mostró su habitual flexibilidad para filtrar contenidos delictivos, se viralizó.
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